Bodega Tierras Altas y la promesa de una experiencia inolvidable

Tengo que hacerles una confesión: ese sábado caluroso de marzo no llegué a Tierras Altas con muchas expectativas, pero me equivoqué. El viernes anterior, una de mis mejores amigas me dice: “Andre mañana quiero ir a una bodega con vos a hacer eso de lo que escribís”.

Yo, con sentimientos encontrados, por un lado entusiasmada previendo una salida plagada de risas pero por otro sorprendida de que mi amiga no tenía mucha idea de lo que yo hacía. Pero, de todas maneras, me puse como loca a buscar horarios que fueran convenientes para las dos.

Así fue que dí con la Bodega Tierras Altas en el Acceso Sur al 6501, lateral Este, y el panorama que encontramos cuando llegamos fue:

Por supuesto que al no haber hecho la logística a la que estoy acostumbrada, fui como una turista más. Al llegar ya había 6 personas esperando cómodamente en hamacas paraguayas y sillones dispuestos en el jardín. Nosotras optamos por esperar en una mesa con bancos altos para poder admirar el paisaje.

Apenas nos sentamos nos trajeron una copa (que nos acompañaría durante toda la visita) con un exquisito Malbec Rosé y un sombrero para el sol.

 La bienvenida es un cariño al paladar.

Eso, justamente eso, son mimos. Pensar que con tan poco te pueden hacer sentir tan importante, ¿no? Se trata de tener empatía, de pensar en el visitante por sobre todas las cosas.

Nuestro guía sería Federico Vargas Arizu que tiene una onda más que copada con rastas larguísimas. Aunque daba más para un video de Bob Marley, el chico es el enólogo de la bodega y 4º generación de vitivinicultores, muy puntual al comenzar la recorrida y repleto de conocimiento para impartir a diestra y siniestra.

Lo que estábamos a punto de comenzar era la “Experiencia Malbec”, un tour completamente diferente a lo que hubiéramos hecho antes, según sus palabras y que la clave del mismo era hacer preguntas sin ningún tipo de prejuicios. El costo de la misma es de $200.

 Nos contó que las uvas provienen de finca “La Linda” en Vistalba, del mismo lugar que los vinos de Luigi Bosca, otra bodega propiedad de los Arizu.

Un dato curioso es que el vino rosado estaba mal visto, porque usaban los tintos y blancos que le sobraban, los mezclaban y hacían “el clarete” plagado de defectos y a bajísimo costo. En la actualidad, los rosados son más cuidados y tecnológicos, fermentan a muy baja temperatura y, particularmente en esta bodega, son tratados como un vino blanco Premium, teniendo mayor salida porque marida tanto con carnes rojas como con pescados o verduras.

Probamos el tinto más joven directamente del tanque, un Malbec que esta ahí desde abril del 2016. Estaba proyectado para ir después a barrica, añejarse un determinado tiempo en botella y luego ir al mercado aproximadamente en el 2022. De sabor fuerte, pregnante, más color pero ácido, con muchos taninos que te secan los dientes, alcohol 14.5 grados. Impresionante.

Un Malbec de 2014 es el próximo que probamos. Mas suave, con menos alcohol y en nariz se siente madera aunque no ha pasado por barrica. Eso sucede porque se usa el roble alternativo. Este es un procedimiento por el cual se insertan listones de esa madera en el interior de los tanques de acero inoxidable y así se puede lograr un vino amaderado pero a menor costo.

El siguiente Malbec que probamos fue directamente de la barrica, ya llevaba mas de un año allí, lo hicimos con una “venecia” que es ese artefacto que ven en el video, un tipo de jeringa de vidrio gigante.

El sabor es mas complejo, no se logra identificar por separado la fruta y la madera, se fusionan y crean un sabor más “redondo”.

Al entrar en la cava se respira una mezcla de exquisitos aromas.

Sentados en esa bellísima mesa degustamos un Reserva 2013 y un Reserva 2005. De solo pensar que este vino ha estado durmiendo en su botella once años me corre un escalofrío por todo el cuerpo.

No van a creer el precio: $320 – algo increíble comparado con vinos de igual calidad en el mercado-.

A continuación Federico nos propuso un juego:

La actividad consiste en adivinar olores, así nos fuimos pasando los pequeños envases uno a uno, cerrando los ojos al sentir cada aroma y tratando de decodificar qué era: canela, chocolate, manzana y otros.

Al salir pasamos por el restaurant donde espiamos un poquito la carta, les cuento que tienen un menú de 4 pasos a $560 que incluye un appettizer, entrada, principal y postre acompañados por 2 copas de vino y una bebida sin alcohol. ¡Yummy!

El restaurante Juana María

Desde el restaurant, se podía ver el jardín, con las hamacas, los árboles, los viñedos y la cálida luz del atardecer que nos invitaba a compartir sus secretos.

Con mi amiga nos dejamos tentar y emprendimos un viaje hacia los recuerdos, con risas del pasado y agradeciendo a Tierras Altas por esta suprema “Experiencia religiosa”, ah no perdón, por la “Experiencia Malbec” recomendable 100 %.

 Para que la bebida sea considerada vino, debe tener por lo menos 5 grados de alcohol generado de forma natural.
 Los enólogos quieren que los vinos tengan por lo menos un año de estiba en botella.

Fotos: todas de mi autoría

 

Autor: Andrea Mendoza G

Diseñadora, amante de la cultura del vino, el arte y la gastronomía. Me encanta la fotografia y compartir mis experiencias. Me defino voraz en lo que se refiere a aprender y viajar.

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